En la Unión Europea

La Comunidad Europea cuenta entre sus miembros con países con una amplia tradición en la protección de las indicaciones geográficas, las cuales se encuentran protegidas por las normas comunitarias respectivas. El Reglamento (CEE) No.2081/1992 establece el sistema de protección de las indicaciones geográficas relativas a productos agrícolas, el mismo distingue diferentes categorías de indicaciones geográficas. Creó unos sistemas conocidos como Denominación de Origen Protegida (DOP), Indicación Geográfica Protegida (IGP) y Especialidad Tradicional Garantizada (ETG). Los vinos y bebidas espirituosas se regulan en el Reglamento No. (CE) No.1493/1999.

La Comisión Europea ha destacado la importancia de las indicaciones geográficas de los productos por el valor que confieren a los productores.

¿Por qué son importantes para la UE las indicaciones geográficas?

1. Las indicaciones geográficas son un factor fundamental de la economía de la Unión Europea

Las indicaciones geográficas desempeñan un papel importante en la economía de las Comunidades Europeas. Éstas han registrado alrededor de 2 mil indicaciones geográficas (1400 para vinos y bebidas alcohólicas y 600 para otros productos). Por ejemplo, las 593 indicaciones geográficas de Francia (466 de vinos y bebidas alcohólicas y 127 de otros productos) producen 19 mil millones de euros (16 mil millones los vinos y las bebidas alcohólicas y 3 mil millones los otros productos) y representan la actividad principal de 138 mil empresas agrícolas. Igualmente, las 420 indicaciones geográficas de Italia (300 de vinos y bebidas alcohólicas y 120 de otros productos) generan 12 mil millones de euros (5 mil millones los vinos y las bebidas alcohólicas y 7 mil millones los otros productos) y dan trabajo a alrededor de 300 mil personas. En España, las 123 indicaciones geográficas producen 3,5 mil millones de euros (2,8 los vinos y bebidas alcohólicas y 0,7 los otros productos).

Las indicaciones geográficas constituyen el principal pilar de la política de calidad de la Unión Europea en el sector de los productos agrícolas. Los productos que llevan indicaciones geográficas no sólo representan ya una parte importante de las exportaciones agroalimentarias, sino que son un medio de desarrollo de la industria agroalimentaria en economías agrícolas relativamente poco desarrolladas. Destaca el caso de España, tradicionalmente poco orientado hacia las exportaciones: en 1991 (5 años después de su adhesión a la Unión Europea), el valor de las exportaciones de productos con indicaciones geográficas fue de 443 millones de euros; en 1999 las exportaciones alcanzaron los mil millones de euros.

En general, las indicaciones geográficas son fundamentales para las exportaciones de la Unión Europea, como lo demuestra el hecho de que 5,4 mil millones de euros de exportaciones de bebidas alcohólicas y 3,5 mil millones pertenecen a las bebidas alcohólicas cuya etiqueta lleva indicación geográfica.

2. Las indicaciones geográficas tienen un papel fundamental en la conservación del patrimonio cultural, los métodos productivos tradicionales y los recursos naturales de los Estados miembros de la Unión Europea y de los países en vías de desarrollo

Las indicaciones geográficas ya se utilizaron en el antiguo Egipto para marcar la resistencia, relacionada con el origen, de los ladrillos y de las piedras con las que se construían las pirámides. También se usaban para subrayar la calidad en la Grecia antigua, como demuestra el hecho de que el precio del vino procedente de la isla de Tasos (situada en la región griega de Macedonia) se aumentaba 20 dracmas por cada 20 litros. La utilización de indicaciones geográficas actuales como Parmesano o Comté se remonta al siglo XIII.

Las indicaciones geográficas también se han utilizado de forma parecida en el exterior, como en el caso de las papas (patatas) Washington, que se remonta al siglo XIX. Asimismo, el arroz Basmati, el té Long-ging y el arroz Jazmín forman parte de la identidad nacional de la India, China y Tailandia, respectivamente. No es extraño que el patentado de algunos tipos de arroz originario de la India por una empresa estadounidense, vendidos después con el nombre de arroz «Texmati» o «Texbasmati», provocase una reacción indignada de la India. Asegurar que la denominación Basmati no se utilice para vender productos distintos de los producidos por las 9000 familias indias para quienes tal actividad representa la subsistencia también garantiza que no se despoja de su biodiversidad a los países en vías de desarrollo. Por este motivo, la India, Egipto, Pakistán, Sri Lanka y Tailandia ocupan un lugar destacado en el debate sobre las indicaciones geográficas.

3. Las indicaciones geográficas, como otras marcas, son un signo de valor

Los productos con indicaciones geográficas tienen verdadero interés para los productores, ya que son un signo de valor que satisface el deseo de los consumidores de un producto distinto, típico y de calidad. Los quesos franceses con indicación geográfica tienen un precio de venta medio de 2 euros más por kilo respecto de los otros quesos franceses. El precio de mercado del Poulet de Bresse francés es 4 veces mayor que el del pollo francés normal. A los productores de la leche utilizada en el queso Comté se les paga un 10% más del precio normal de la leche. Los productores del aceite de oliva italiana Tuscano han conseguido aumentar el precio en un 20% desde que el aceite se registró con indicación geográfica en 1998.

4. Las indicaciones geográficas sirven para garantizar una competencia leal y una buena información de los consumidores

Según algunos estudios de mercado, las indicaciones geográficas se perciben como indicadores de origen y de calidad. Ayudan al consumidor en la elección, tanto cuando decide comprar un producto con indicación geográfica como cuando decide no hacerlo. De acuerdo con un estudio reciente, más del 40% de los consumidores están dispuestos a pagar un 10% más por un producto cuyo origen esté garantizado. Esta disponibilidad del consumidor a elegir productos con indicación geográfica sólo se puede satisfacer y realizar si se adoptan medidas de prevención para luchar contra la información inexacta y las imitaciones. En la actualidad todavía no hemos llegado a esta situación, ya que la información de las etiquetas no es suficiente.

Problemas de las indicaciones geográficas a nivel internacional

La Unión Europea ha hecho suya la política de «que venza el mejor queso y el mejor vino», pero quisiera que la competencia siguiera unas reglas de juego.

La información sobre las marcas y su protección no son suficientes. Estudios recientes al respecto revelan que el 42% de los consumidores entrevistados eligieron un producto y de se dan cuenta después de que no era el producto que querían. El 21% compró un producto que en realidad no quería y el 18% adquirió imitaciones creyendo que se trataba de originales.

En el marco internacional, los problemas a los que se enfrentan los exportadores de productos con indicación geográfica son especialmente delicados.

1. Dificultades de aplicación

La aplicación de la protección de las indicaciones geográficas es problemática porque, en cierto modo, son marcas colectivas, en el sentido de que las detentan colectivamente miles de pequeños productores que no disponen de los recursos financieros necesarios para seguir procesos costosos o registrar sus propios nombres en los 145 países miembros de la OMC.

2. Falta de protección adecuada

Las normas de la OMC no garantizan una protección adecuada. Por ejemplo, las normas existen pero no son aplicadas de manera adecuada para evitar que un productor australiano incluya en la etiqueta de una bebida alcohólica a un escocés tocando la flauta de manera que el comprador piensa que se trata de Whisky escocés. Más grave todavía que en el caso de los vinos o las bebidas alcohólicas, productos que como el té, el arroz, las alfombras o la porcelana son fundamentales para los países en vías de desarrollo están claramente discriminados por las normas de la OMC. Mientras que es imposible etiquetar un vino estadounidense “tipo Rioja”, ninguna disposición impide a un productor estadounidense definir un queso de «tipo manchego», si añade que el producto es made in USA. En este último caso el consumidor recibe información contradictoria, ya que un elemento de apelación se refiere a España mientras que el otro menciona a los Estados Unidos. De acuerdo con las normas actuales de la OMC, cualquier productor estadounidense puede registrar como marca comercial la mención «manchego fabricado en los Estados Unidos». Por ejemplo, más de 150 indicaciones geográficas de la UE han sido registradas como marcas comerciales por los productores argentinos.

No es únicamente un problema europeo: en la actualidad, la región de Antigua, Guatemala, produce alrededor de 6 millones de libras de café Antigua auténtico, aunque en todo el mundo se venden alrededor de 50 millones de libras de café denominado «Antigua». Los productores de té indio Darjeeling exportan 8,5 millones de kg del producto, lo cual aporta a la región 30 millones de euros, pero en el mundo se venden alrededor de 30 millones de kg de té denominado «Darjeeling» que aporta alrededor de 300 millones de euros a la economía india.

3. Cláusulas relativas a los derechos adquiridos y errores del pasado

Otra cuestión delicada es la de las cláusulas relativas a los derechos adquiridos. En primer lugar, las normas de la OMC se han elaborado de tal manera que las indicaciones geográficas comunitarias que han sido registradas como marcas comerciales en países terceros no se pueden enjuiciar. Esta situación acarrea enormes pérdidas a los productores comunitarios.

Por ejemplo, el hecho de que el nombre Parma fuese registrado por un ciudadano canadiense antes de que entrase en vigor el acuerdo ADPIC ha obligado a los productores italianos del queso de Parma a entrar en un litigio muy costoso, a volver a etiquetar su producto como jamón nº 1 y a competir con un producto de calidad inferior denominado «Parma». Las pérdidas totales se elevan a aproximadamente 3 millones de euros al año. El «jamón de Parma» se encuentra en una situación similar en México, Argentina y muchos otros países del mundo. Entonces, «¿que venza el mejor jamón?».

Igualmente, las indicaciones geográficas que se han convertido en genéricas en terceros países, o que se han utilizado de buena fe durante 10 años antes de la entrada en vigor del acuerdo ADPIC, no es necesario que se protejan, a tenor de las normas de la OMC. En la práctica, esta situación desalienta las exportaciones y la promoción del producto debido a que la reputación de la indicación geográfica está tan desprestigiada que no merece la pena intentar la entrada en esos mercados.

Política internacional de la Unión Europea sobre las indicaciones geográficas

Las negociaciones de la Unión Europea en el marco de la Agenda de Doha para el desarrollo se basan en los tres objetivos siguientes:

  • La creación de un registro multilateral de las indicaciones geográficas (ADPIC): la Unión Europea se plantea un sistema simple y económico de registro mundial de las indicaciones geográficas.
  • La extensión de una protección adicional de las indicaciones geográficas (ADPIC): garantizando que no sólo los vinos y las bebidas alcohólicas sino también los quesos, el arroz y el té no sean copiados por productores de otros países con la indicación «made in USA» o «tipo Roquefort».
  • La garantía de acceso a los mercados para los productores comunitarios protegidos por indicaciones geográficas (Comité de Agricultura): pidiendo a los miembros de la OMC, por lo que se refiere a un grupo seleccionado de indicaciones geográficas de un valor económico y comercial notable para anular marcas precedentes y, en caso necesario, proteger las indicaciones geográficas comunitarias que han sido utilizadas previamente o que se han convertido en genéricas.

En una economía mundial cada vez más abierta, las indicaciones geográficas constituyen un activo único.

La Unión Europea ha iniciado de buena fe negociaciones con sus socios de la OMC con objeto de proseguir la liberalización del comercio mundial de los productos agrícolas. En la práctica, esta evolución significará disminuir las subvenciones a la exportación a las que se acogen nuestros agricultores. Esta política forma parte de la propuesta de la Comisión de reforma de la política agrícola común en el sentido de enfrentarse a la competencia internacional mediante la calidad y no la cantidad. No obstante, los esfuerzos en este sentido resultarían inútiles si el principal vehículo de nuestros productos de calidad, las indicaciones geográficas, no se protege adecuadamente en los mercados internacionales. Es absurdo que la Comisión pida a los agricultores comunitarios que inviertan en la promoción de las indicaciones geográficas si todo el mundo puede utilizarlas.

 
     

 

 

 

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